Pocas órdenes medievales han generado tanta fascinación como los templarios: entre historia, mito y leyenda, su rastro sigue generando preguntas como ¿Qué secretos guardaban?, ¿Por qué su final fue tan abrupto?, ¿Qué nos queda hoy de su legado?
Más allá de teorías y enigmas, la Orden del Temple fue una de las instituciones más poderosas de la Edad Media.
Nacida en el siglo XII, combinaba vida religiosa y función militar, y tuvo un papel clave en los territorios de frontera durante la Reconquista.
En lo que hoy conocemos como la Comunitat Valenciana, su presencia se intensificó tras la llegada de Jaime I: este rey, a cambio de su apoyo militar, les otorgó castillos sobre el mar, fortalezas de interior, ermitas, tierras y enclaves estratégicos que siguen delimitando el paisaje.
Muchos de ellos son accesibles, visitables y pueden convertirse en la excusa perfecta para organizar una escapada cultural.
Las huellas de la Orden del Temple en nuestra tierra
Los lugares más representativos del poder de los Templarios en la región son el Castillo de Peñíscola (su símbolo indiscutible en la costa valenciana), el Castillo de Xivert (en plena Sierra de Irta), el Castillo de Montesa (clave tras la desaparición de la Orden) y el Castillo de Morella (uno de sus grandes bastiones medievales).
Sin embargo, no son los únicos: hay otros restos importantes, aunque menos conocidos.
Hemos recopilamos algunos, no como una propuesta para una ruta cerrada, sino como una guía para escapadas que combinen patrimonio y paisaje.
Culla (Castellón): el último susurro templario
Pocos lugares condensan tanto la esencia templaria como Culla, un pequeño pueblo del interior de Castellón. Y no solo por su estética medieval, sino porque fue una de sus últimas posesiones adquiridas antes de su desaparición.
Aquí no hay grandes reconstrucciones, sino piedra, altura y silencio.
Si visitas Culla, debes pasear por su casco histórico (catalogado como BIC) y hacer una visita guiada por las ruinas de su castillo (están poco señalizadas), para entender mejor el conjunto
Te recomendamos visitar Culla en otoño o primavera y, si puedes, haz un recorrido nocturno por el casco histórico iluminado.
Sant Mateu (Castellón): poder, comercio… y herederos del Temple
Sant Mateu no es un enclave templario como tal, pero la historia de este pueblo no se entiende sin la presencia de estos monjes guerreros.
De hecho, fue uno de los grandes centros de poder de la Orden de Montesa, heredera del Temple, y llegó a ser un núcleo económico clave gracias al comercio de lana hacia Italia.
Además de su casco histórico, muy bien conservado, Sant Mateu tiene un ambiente auténtico y es mucho menos turístico que otros pueblos medievales.
Te recomendamos recorrer sus calles sin rumbo, visitar la iglesia arcipestral y buscar alguna ermita cercana, como la de los Ángeles.
Si te gustan la escapadas foodie, esta zona tiene excelentes aceites y embutidos que protagonizan una cocina tradicional muy reconocida.
Santa Magdalena de Pulpis (Castellón): entre castillo y ermita
Santa Magdalena de Pulpis fue fortaleza defensiva y centro de espiritualidad de la zona.
La subida al castillo es rápida porque no hay mucha distancia (pero sí bastante pendiente) y la ermita, a sus pies, es un símbolo en un entorno natural muy agradable en primavera, cuando se realizan muchas romerías.
Si combinas ambas visitas (castillo y ermita), entenderás su importancia arquitectónica.
Cervera del Maestre (Castellón): la sorpresa inesperada
Menos conocida incluso que las anteriores, esta localidad castellonense guarda una fuerte vinculación con órdenes militares y estructuras defensivas medievales.
Ofrece vistas espectaculares entre interior y costa y, al ser menos turística, sentirás haber „descubierto“ un lugar único, por eso te recomendamos hacer una excursión.
Banyeres de Mariola (Alicante): templarios entre montañas
El Castillo de Banyeres, en el interior de Alicante, aparece como uno de esos lugares donde la historia y el paisaje natural se entrelazan sin esfuerzo.
Y es que, aunque su vínculo templario es indirecto, esta localidad también formó parte del entramado defensivo medieval en el que participaron distintas órdenes, incluida la del Temple.
El castillo está bien conservado y es visitable, con acceso sencillo desde el casco urbano de Banyeres y un centro de interpretación en su interior.
Puedes visitarlo en primavera o en los días claros de invierno, cuando la Sierra de Mariola se muestra en todo su esplendor.
Si te apetece, combina la visita cultural con una ruta por el parque natural o una comida en el casco antiguo para una escapada perfecta.
Montesa (Valencia): donde continúa la historia
Los templarios desaparecieron (al menos oficialmente) tras el Concilio de Vienne, en 1312, cuando el papa Clemente V emitió la bula Vox in excelso, con la que abolió la Orden.
Sin embargo, su final no fue de un día para otro y su historia siguió.
Montesa es el mejor ejemplo de ello. De hecho, su castillo fue la sede de la orden que heredó sus bienes y funciones.
Aunque está en ruinas, estas son abiertas y accesibles, y tiene paneles interpretativos.
Además, ofrece vistas de la Comarca de La Costera espectaculares y simbólicas, con el olivo y el almendro como protagonistas, para poner el punto final a esta ruta de los templarios en la Comunidad Valenciana.
¿Quién heredó los bienes de los templarios en Valencia?
La historia de los templarios en tierras valencianas está estrechamente ligada a la consolidación del Reino de Valencia en el siglo XIII.
Su papel no fue solo militar pues organizaron territorios, gestionaron recursos y establecieron redes de control, siendo claves en el día a día del reino.
Tras su disolución, muchos de sus bienes pasaron a la Orden de Montesa, heredera directa de su legado en la Corona de Aragón, y esto explica por qué muchos castillos, palacios o pueblos actuales tengan „referencias templarias“ aunque su historia continuara bajo otro nombre.
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